bolishopin
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“Cuando comienzo una película paso la mayor parte del tiempo en el escritorio y no hago sino garabatear culos y tetas. Es mi modo de buscar la película, de comenzar a descifrarla a través de estos rasgos. Una especie de hilo de Ariadna para salir del laberinto.”
Fellini
Se cierra la puerta y hay dos que empiezan a besarse apoyados en ella, asi medio apurados. Un beso largo, ruidoso, junto con una respiración exagerada, ponele, con abrazo y todas esas cosas que hay en estas escenas. Es un plano largo sin música, una escena clara, de dia, como contraste a la idea oscura del delito, si tal cosa existiera, que cometen estos dos que se enredan en una cuestión que no tiene ningún futuro.
Ella, mientras se besan, se va sacando la ropa y va dejando un camino de prendas hasta llegar a la cama.
La habitación no se ve del todo, sólo la puerta y ese rincón oscuro que proyecta el vano. Si pudiéramos acercarnos los veríamos al fondo del corredor, de costado en una cama inmensa, voluptuosa, de sabanas blancas todas lisitas como de mil hilos.
Todos tendremos que poder reconocer rápidamente el corazón delator, el de ella, latiendo ahi nomas debajo de la cama. El tipo en cambio tendrá que ser el lugar oscuro, la noche, la barbarie, el laberinto. El tipo es el amor, you know.
Después de los minutos del sexo, un breve reposo. Al poco rato él reacciona pidiéndole que se vaya. Ahí hay un pacto con el espectador y todos entenderemos este pedido como una humillación. Sori flaco pero te toca ser el malo.
Tengo que trabajar, por favor, te pido un taxi. O algo así. Intentará ser gentil pero es impostado, en el fondo le gusta ser despiadado. Juega a ser cruel, no sabremos por qué.
Ella tendrá que volver, como Hansel y Gretel, por el camino hasta la puerta recuperando su dignidad (y su ropa). Tendrá que ir vistiéndose como una mendiga, como una cartonera. Tendrá que buscar sola la salida. El ni siquiera la va a mirar. Todo un tópico la mujer que nunca fue mirada. Todo un cliché para psicólogo de cartilla.
No importa. Sigamos.
Tendrá que salir de ahi dando un portazo y corriendo escaleras abajo (magníficas escaleras de principios de siglo pasado) antes que den las doce y le empiecen a caer unas espesas lágrimas de frustración y tristeza, porque nunca le va a mostrar una lágrima (es la protagonista), pero atenti que va a dejar un pañuelo, un chal, algo, todavia no sabemos qué, como parte de lo que se pierde cada vez que uno entrega su dignidad a cambio de un poquito de amor.
Necesitamos una contradicción. Al reves que Ariadna esta mujer tendrá todo su caudal de inteligencia y belleza puesto al servicio de un quilombo. Cada vez que regresa buscando las migas se sabe más adentro del laberinto (más enamorada, ponele), más perdida, y más sola.
Regresar buscando las migas es una imagen muy potente. Y los pájaros que se las comen y le borran el camino…
Perder. Una y otra vez la idea de perder consistentemente cada punto que se juega. Siempre hago el mismo garabato. -
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[Flash 9 is required to listen to audio.]globo te llevo en el corazón
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me voy a comprar un gato y le voy a poner carlos vladimiro corach
Basta de fotos de John y Yoko. Yoko era una conchuda y las conchudas son del otro bando. Son las que se quedan con los tipos buenos. Always. A los buenos les gustan las conchudas y a los malos les gustan las putas. Yo soy bastante puta (pero jamás una regalada) pero nos vamos a ahorrar la moraleja sonza del analista porque la verdad la verdad es que si, me gustan los reos, así que me la tengo que bancar como una duquesa.
Estoy llevando a cabo una monstruosa obra de ingeniería personal consistente en apuntalar toda mi infraestructura para no venirme abajo. Un filósofo amigo sugirió que es tiempo de burletear el otoño. En el marco de este proceso de reparación histórica excavé un tunel para no tener que salir a la calle nunca más y mucho menos en invierno. Por ahí voy a cruzar en pijama para comprar mi café en starbucks y volver más rápido que ligero a mi bunker de almagro, el único lugar en el mundo en donde aún conservo la inmunidad diplomática.
Además del café soy adicta a internet. Aquí me tienen: canalizando toda mi ansiedad de consumir en largas sesiones de mercado libre. Creo que tiene razón el compañero Pauls, este lugar es una secta llena de vendehumos y adictos en recuperación, así que mejor para mí, porque no hay nada más positivo que mirar todo el tiempo cosas que nunca jamás vas a comprar, por caras o por inútiles. El gasto improductivo de energía resulta provechoso para olvidarte de tu vida desgraciada, de la gente garca y de lo cara que está la yerba. Otra forma de olvidar es laburar pero me da pereza.
Ahora mismo estoy buscando un gato. Busco un gato negrito, feo, orejudo, chúcaro, mal llevado y antipático que me rompa mucho las bolas y me recuerde todos los días que es mucho mejor estar sola que mal acompañada. Pongo gato y aparecen pop ups de señoritas en pelotas. Nos tapó el agua. Mi máquina está embichada, quién sabe qué cosas habrá buscado el quetedije.
Después de sortear todos los grupones de putas, que nunca son como las ves en la foto, por fin entro a mercado libre y aparece un gato fino con cara de guachín. Me mira y me dice si me compras no sabes lo horrible que voy a hacerte la vida. Listo. Este es el que quiero. Hago clic en comprar y ya tengo asegurados unos cuantos años más de desdicha.
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elvio lavatáper
Quería contarles algo, pero tengo miedo de escribir porque me olvidé cómo se hacía. Hace poco leí de un genio escritor palermitano que hay que escribir y escribir y escribir y meterle Pitman a lo loco para aflojar la mano y que salga como salga, hasta que empiece a salir. Un amigo que un día me dio un beso en la boca me dijo, sin embargo, que escribir desde el dolor o desde el despecho, o después de una operación de vesícula no es lo más recomendable. Bilardistas y menottistas los consejos se escuchan todos, pero después a una le sale lo que le sale y acá estoy, escribiendo, sobre mi vida que trascurre entre bolsas de cemento y tererés en una obra en Caballito Fifí.
No voy a escribir del amor y de sus 3 maniobras para estacionar, porque de conducir y de amar la verdad que no sé nada. El amor que tengo es uno inmenso que siento por mis hijas, pero ese no vale porque es tan gratis como una asignación universal o una tarjeta Sube. Es fácil querer a los hijos, sobre todo cuando son preciosos e inteligentes y los hiciste hinchas de Huracán. Del otro amor, del que tiene un precio, no tengo ni la más mínima idea.
Tengo treinta y ocho años que parecen menos en la piel y más en la voz, pero no fumo. El tono grave me lo dio el trabajo de directora de obra, adonde tengo que ser lo menos mujer que se pueda para entender cómo piensa un tipo que agarra el fratacho para ganarse la vida. Para laburar en la obra hay que pensar como piensa un hombre, o sea con la cabeza. Dejar de lado las especulaciones, los dilemas, el maquillaje y el Prêt-à-Porter.
Todos los días aprendo cosas de los hombres de la construcción. El hombre es esencialmente pragmatismo y determinación, y un constructor en la mayoría de los casos es el paradigma de estas dos virtudes. Los contratiempos amorosos, las uñas quebradizas y los dolores menstruales les son tan ajenos como la atmósfera de Júpiter. La matemática de un albañil es una progresión aritmética hasta diez si tienen los diez dedos, y la mayor bondad de la que son capaces es convidarte un tereré en verano o un chipá en invierno.
Los muchachos son importados del interior, o del Paraguay la mayoría de los albañiles, o de Bolivia los yeseros. Viajan a Buenos Aires a laburar invitados por un compadre o un hermano o un amigo de un hermano y se van acomodando en Moreno, Burzaco o Pacheco. Se levantan a las cinco y vienen en bondis bien peinados y vestidos y siempre con zapatos nuevos y por más cansados que estén así se vuelven a sus casas. La gente fina en la obra son los eléctricos y los más amigos siempre son los plomeros. Si en la obra el plomero no es tu amigo seguro la obra te sale mal, los propietarios te llamarán por siempre jamás y te condenarás en el infierno de los bienes raíces, un lugar al que se accede por la puerta de atrás de todos los edificios con amenities y que te lleva al sexto subsuelo por una escalera oscura y con olor a humedad. Los carpinteros son gente muy quejosa y los herreros son todos aquellos que aprendieron a usar una soldadora y no quieren quedarse en su casa escuchando a sus esposas rompebolas. En general los herreros fuman mucho, ensucian mucho y hablan poco. Se ve que en sus casas la lima la maneja otra persona que dale que dale y vienen mansitos y sólo se escucha el martillar de los fierros y la amoladora, que son los sonidos característicos de la obra.
¿A qué huele una obra? Una obra huele a arena húmeda hasta el último día de trabajo. Aun después de pintar, cuando se ponen los pisos y se empieza a mudar la gente la obra sigue oliendo a arena y es el olor más maravilloso que pueda tener un lugar en donde se mueven tantas personas que hacen pis de parados en cualquier rincón adonde haya una columna.
Por la obra tenés que andar haciendo ruido para que sepan que llegás porque nunca son buenas las sorpresas. Una vez sola un electricista que se llamaba Pablo, uno de las pestañas largas y los ojos negros, estaba en cuero y le vi un tatuaje de una serpiente en la espalda que me dejó somnolienta toda una semana. Despues tenía pesadillas como que hablaba en pársel o cosas demoníacas por el estilo. Por eso mismo hay que ser precavida y caminar haciendo ruido para darles tiempo a rescatarse.
En la obra hay gente que duerme la siesta. Lo puedo afirmar porque los veo descansar de doce a una y no es cierto que en la obra se coman unos asados increíbles. La gente de obra come asado los viernes, los primeros viernes asado finito y los últimos patis. El resto de los días se come fiambre rapido y a la cucha, casi siempre en una esquina tibia lejos del ruido de la calle. Se echan ahí nomás en el suelo y se tapan la cara con la gorra. Algunos hasta roncan. Una vez lo escuché a Perico, el colocador, en un rugido tan potente que pensé que era un serrucho o algo letal con dientes filosos. A veces cuando hay asado me invitan, medio vergonzosos. Yo me arrimo y como con la mano y que ni se me ocurra decir que estoy a dieta porque seguro se me quedarían mirando a ver qué significa esa pavada.
Podría escribir un compendio sobre las diferencias entre una cremona y un librito. Mi desayuno en la obra es mate con cremona o mate con librito, según esté feliz o triste. La cremona es para los días de tristeza porque es más salada y como que te levanta, en cambio el librito es mas grasoso y te aplaca un poco la euforia. Toda la bipolaridad que contengo se resuelve con esta formula de desayuno infalible. Mate para el tránsito lento y panadería para las penas.
Soy muy feliz en la obra. Soy la chica que camina entre la mugre y los tablones, siempre mirando para el otro lado, uno distinto al que todos esperan y a veces soy mala. Una vez me acuerdo que suspendí a siete pibes porque estaban trabajando sin los elementos de protección. Después me fui a mi casa y lloré toda la tarde.
En una obra al olfa de la arquitecta le dicen lavatáper. Y si sos el lavatáper vas a figurar en todas las paredes de la obra, tu nombre escrito con ladrillo o pedazos de cal dura: elvio lavatáper. En la caja de escaleras, en el subsuelo, en la entrada al baño del pañol. Sonaste Elvio, si te pusieron lavatáper no te lo sacan más. Así que todos se cuidan sus dignidades de varones y me obedecen un poco pero que no se note. Y yo los mando, pero tratando de que nadie advierta que les doy una orden. De alguna forma todos sabemos que es una locura que una mujer mande en una obra. Que alguien que no puede aflojar una reja mal amurada porque no tiene fuerza en los brazos ni para levantar una pinza le esté dando una orden a un muchacho de 90 kilos es una cosa de locos.
Algo que se llama título universitario pero que nunca me enseñó lo que es un cabo de vida, ni como abrir una puerta con un fierro del 8, ni cómo se llaman los tornillos que se usan para fijar un armado a un premarco me concedió un privilegio inédito, tal vez soñado por millones de mujeres en el mundo: tengo más de cincuenta hombres rudos, todos los días, haciéndome sentir una mina importante.
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furia
¿qué miras? no reparto caramelos
te quedas ahi parado
esperando saber como huele mi derrota de piedra papel o tijera
me negaste la sortija y ahora querés ver como te lloro
ay si, las lágrimas de mujer
y sus prebendas pobrecitas,
y la puta mística femenina de la debilidad siemprelibre
yo no soy frágil, sabés?
soy re sarah connor, pibe
tomatelá, volvé por donde viniste
andá a venderle tus biblias de chico bueno
tu discurso danonino, tu moral de cotillón
a la gorda carrió
andá, que no sos mi amigo, corazón de piedra pomez
no juego en tu vereda, me proscribo de tu lista, me enajeno
soy la persiana baja, la faja de clausura
ni autopista ni colectora ni ese eme ese
yo quiero estar asi de enojada con vos por el resto de mi vida
mas o menos hasta dentro de ciento nueve años
